Wed, 1 Jun 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: Paises Bajos
Los Países Bajos durante el siglo XVI (III) Cuando Felipe II viajó a los Países Bajos tenía 22 años, pero el joven príncipe no era una persona impresionable. A esa edad ya se había casado con María Manuela de Portugal y enviudado, tenía un hijo, había sido regente de Castilla y Aragón desde la edad de quince años. El libro de Calvete es una amplia descripción del viaje del príncipe, en el que se presta especial atención a las descripciones de las celebraciones y el boato de las ceremonias oficiales. Por el contrario Álvarez comenta de manera más sus impresiones y el carácter de los diferentes territorios que visitaron. Álvarez hace toda una comparación de costumbres castellanas y flamencas. Describe la alimentación, la bebida, la forma de celebrar las fiestas, los horarios de trabajo, el derroche y la relajación de costumbres (1). Otra de las cosas que comenta es el temor que en esta temprana fecha ya se tenía a los españoles: "De españoles se recatan más que de otra gente, y así es en Alemania y en todas las partes, y la causa es haber tratado con soldados y gente de guerra, que si hay cuatro buenos hay seis desesperados y malos cristianos que traen otros tantos mozos ladrones y bellacos... Los españoles son mal quistos de las otras naciones, y porque son traviesos y muy soberbios". El viaje por los distintos territorios era un requisito imprescindible para tomar posesión de su futura herencia. Un viaje parecido, pero en dirección contraria, había hecho su padre Carlos V a los diecisiete años de edad, para tomar posesión de las coronas castellana y aragonesa. Los Países Bajos dieron un gran recibimiento a su fututo soberano. Decenas de arcos de triunfo saludaban al joven Felipe II, se celebraron espectáculos, luchas de leones y toros, justas, obras de teatro. Flandes era la meta final del viaje, ya que el príncipe había visitado primero sus territorios en Italia y Alemania, en un largo viaje de seis meses. Unos territorios más densamente poblados que los de la Península, ya que la población superaba los tres millones de personas. Muy industrioso, comercial e instruido, como comenta el mismo Álvarez en su crónica. También describe las magníficas construcciones. Las provincias más ricas y populosas eran las de Holanda, Zelanda, Hainaut, Flandes y Brabante. Había ciudades muy grandes como Amberes con 80.000 habitantes, Gante y Bruselas con unos 30.000. La comitiva pasó seis meses visitando las ciudades de los Países Bajos. La aparente unidad de estos territorios contrataba con los numerosos conflictos sociales, interestatales, la crisis económicas de algunas provincias y la resistencia de muchos de los súbditos a someterse voluntariamente a la centralización implantada por los Habsburgo, por si esto fuera poco, los conflictos religiosos también repercutían en muchos de los territorios. Por otro lado la crisis económica de la propia monarquía y el peligro francés dificultaba la protección del territorio. El 1 de abril de 1549 la comitiva principesca llegaba a Bruselas, donde el príncipe debía reunirse con su padre Carlos V. En una emotiva ceremonia, seis años después en la misma ciudad de Bruselas, Carlos V abdica a favor de su hijo Felipe II. En el discurso (2) pronunciado por el emperador ante sus súbditos flamencos, se hace una justificación de su reinado relatando los acierto más claros y las causas de los errores. En la primera parte del discurso el emperador relata las causas por las que llegó a gobernar tan amplio imperio. Después habla de su lucha contra el Turco y su fracaso ante los herejes alemanes: "Mas si bien fue este mi celo, no pude ejecutarlo como quisiera, por el estorbo y embarazo que me han hecho parte de las herejías de Lutero y de los tros inmundos herejes de Alemania, parte de los príncipes vecinos y otros que, que por enemistad y envidia me han sido siempre contrarios, metiéndome en numerosas guerras...". El emperador afirma que todas las guerras que ha hecho han sido voluntad de Dios: "Finalmente, yo hice lo que Dios fue servido, porque los sucesos de las guerras no todas las veces están en manos de los hombres, sino en la voluntad de Dios..." La advertencia final que da a los flamencos es muy significativa: "Y principalmente, habéis de mirar y guardaros no dañen ni infeccionen la pureza de vuestra fe las novedades y herejías de las provincias vecinas, y si acaso entre vosotros han comenzado a echar raíces, arrancadlas luego con toda diligencia, si no queréis que vuestra República se acabe y consuma y se revuelvan las cosas de arriba abajo, dando de vosotros de mil desventuras y despeñaderos". Uno de los peligros que el emperador ve en la Reforma es los trastornos sociales que esta lleva pareja, por eso dice que "vuestra república se acabe y consuma y se revuelvan las cosas de arriba abajo". Felipe II permaneció hasta el año 1559 en los territorios de los Países Bajos haciendo la guerra al francés y al papa Paulo IV. Su experiencia neerlandesa no logró cambiar sus sentimientos y educación españolas, por otro lado, su padre Carlos V había dejado claro en su testamento que la piedra angular de todos los territorios que cedía a su hijo eran los reinos peninsulares. Aunque Miguel Ángel Echevarría cuente la anécdota apócrifa en la que Carlos V dice a su hijo que si quería aumentar sus dominios y gobernar con acierto, debía situar su corte en Bruselas; si solo conservarlos, en Barcelona, y si perderlos, en Madrid. Por apócrifa que sea la anécdota, señala Echevarría, no deja de revelar el pensamiento estratégico de Carlos V. Pero Felipe decide quedarse en Madrid, porque hay que derrotar a los turcos y perfeccionar el espacio mundial de la monarquía (3). Parker dice lo siguiente acerca del regreso de Felipe II a España: "España era el centro de la monarquía de los Habsburgo. Ya en 1543 Carlos V había reconocido que sólo las rentas de España podían proporcionarle el dominio necesario, lo cual sería todavía más cierto durante los últimos años de su reinado: España y en particular, Castilla (que constituía tres cuartas partes de la totalidad) facilitaban a los Habsburgo los hombres y el dinero que estos precisaban para realizar su política imperial” (4). Las dificultades de la autoridad real en España y el problema turco determinaron a Felipe a regresar a la Península, en el norte quedaba el problema sin zanjar de los protestantes, Francia seguía siendo una amenaza para los Países Bajos, Inglaterra consolidaba su poder en la zona, pero a los ojos de Felipe II los problemas de España eran más acuciantes. Las impresiones que pudieron quedar en Felipe II acerca de los territorios de Alemania y los Países Bajos pueden resumirse en lo que dice en la conclusión de su relato Vicente Álvarez: "¡Oh españoles!, alabad a Dios que os hizo tales y señores de tan buena provincia, y os dio Rey que os tiene en tanta justicia, y os defiende haciendo la guerra fuera de vuestra tierra. Solo para ofrendar a Dios tienen libertad, que no puede ser mayor cautiverio. Buen siglo aya quien puso en España la Santa Inquisición, y muchos años viva quien la conserva y favorece con tanto cuidado, en todas las cosas del servicio de Dios y buena gobernación de todos sus reinos y señoríos. Amén" (5). En este elogio a la Inquisición y oposición a la libertad puede resumirse la idea filipina, su concepto de justicia y el sentido último de su estrategia política y militar. (Continuará.)
(1) Calvete de Estrella, Juan Crhitóval, El felicísimo viaje del muy alto y muy poderoso príncipe don Phelippe, Sociedad Estatal para la conmemoración del quinto centenario de Felipe II y Carlos V, Madrid, 2001. Pág. 666. (2) Díaz-Plaja, Fernando, Historia de España en sus documentos Siglo XVI, Catedra, Madrid, 1988. Discurso de Carlos V en Bruselas año 1555. Pág. 298-301. (3) Libro anteriormente citado de Miguel Ángel Echevarría. Pág. 75. (4) Libro anteriormente citado de Geoffrey Parker. Pág. 41. (5) Final de la crónica de Vicente Álvarez del libro anteriormente citado. Pág. 671.
Wed, 25 May 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: Paises Bajos
Los Países Bajos durante el siglo XVI (II) Carlos V era natural de Gante y aunaba en su sola figura dos realidades muy distintas. Dos realidades que terminarían en unirse en una: el Imperio. Un imperio que llegaba más allá del de su abuelo Maximiliano.
La Casa de Borgoña desde el siglo XV aglutinaba los territorios del ducado de Borgoña, el condado de Flandes, Atois, y Malinas. Bajo el liderazgo de Felipe el Bueno se incorporaron Brabante y Limburgo, Holanda, Zelanda, Hainaut, Frisia Occidental y Luxemburgo. El duque además formó por primera vez los Estados Generales en 1451, con el fin de centralizar el mosaico de pequeños estados con leyes y costumbres distintas. Su sucesor Carlos en Temerario incorporó el estado de Gueldres en 1472, además intentó crear un parlamento en Malinas.
Los duques realizaron el esfuerzo de aunar todos los territorios para poner las bases de una nueva monarquía, pero la temprana muerte de Carlos el temerario y, años más tarde, de su hija y heredera Maria, dejaron la obra incompleta. Felipe el Hermoso también murió muy joven y la minoría de edad de Carlos, impedía cualquier tipo de reformas.
Carlos V soberano de un basto imperio se determinó a terminar la obra de sus ancestros, la unidad política de los Países Bajos. El poder de Carlos V fue delegado durante todo su reinado a dos gobernadoras viudas: Margarita de Austria, tía del rey, que gobernó desde 1506 al 1514 y después del 1517 al 1530. Tras su muerte la sucedió una hermana de Carlos V, doña María, reina de Hungría (1530-1555).
El factor de unidad lo aportó Carlos V tras la paz de Mülhberg (1547), con los príncipes alemanes, con la llamada Transacción de Augsburgo, por la que agrupaba institucionalmente a los territorios neerlandeses y al Franco Condado. Nacían las llamadas Diecisiete Provincias.
El Círculo de Borgoña, que era como también se denominaba a las Diecisiete Provincias, pertenecía a uno de los denominados círculos imperiales, ya que desde antiguo algunas de las provincias habían sido vasallas del Sacro Imperio Romano Germánico.
¿Por qué Carlos V no delega estos territorios a su hermano Fernando, que regía los territorios patrimoniales imperiales? El profesor Rogelio Pérez-Bustamante nos da la siguiente explicación: "Carlos V establece un eficaz mecanismo para la preservación en la integración de sus estados patrimoniales, confiando su dirección a la Monarquía Hispánica, dotada de los necesarios recursos materiales y la pujanza política imprescindible para la satisfacción de un objetivo dinástico que, en último término, satisface un razonamiento adicional: la continuación del cerco estratégico sobre el gran adversario de los Habsburgo en la hegemonía continental: Francia." (1)
DE CARLOS V A FELIPE II Además de la estrategia anti francesa hay un hecho coyuntural que favorece la herencia de los Países Bajos a favor de Felipe II: "La incorporación de los Países Bajos se producía en unas circunstancias internacionales de verdadera excepción. Felipe II era rey de Inglaterra y su conjunto dominio con los Países Bajos, permitía configurar un óptimo dispositivo estratégico en ambas orillas del Canal. (...) Aquella opción política, sin embargo, se cerraría tras la prematura muerte de la reina en 1558".
De hecho, Felipe II intentó en diversas ocasiones unir de nuevo a las dos coronas para favorecer sus intereses en el Atlántico Norte.
La influencia intelectual del preceptor de Carlos V, Erasmo de Rotterdam, en la mentalidad práctica de los flamencos fue patente. Los ideales de libertad y toda abominación por la guerra y la violencia impregnaron a la sociedad de Flandes, alejándola de la mentalidad hispana, según el mismo Erasmo, tendente a la guerra y la violencia. El desencuentro entre dos culturas tan diferentes se haría patente e irreconciliable a medida que avanzaba el siglo XVI.
El testamento político de Carlos V (2) dirigido a su hijo Felipe II nos aclara algunas de las pautas seguidas por este años después.
En los tres primeros capítulos está el premio y la exhortación del rey por el Emperador Carlos V a su hijo Felipe II. Las referencias religiosas del texto son constantes. En primer lugar Carlos V invoca al sometimiento del gobierno a Dios: "Firme fundamento de una buena gobernación deveis siempre concertar vos rest al bien de la infinita benignidad de Dios, y someteros vuestros deseos y acciones a su voluntad d(e) la qual haciendo con temor de no ofenderle alcanzareis cortisimamente su ayuda, y amparo, y (...) en todo y por todo, conbendra para bien reinar, y gobernar y para que su divina Maj os alumbre...deveis tener siempre muy encomendada, y en la memoria la observación, defensa, y aumento de nuestra feé Católica (mayúsculas) generalmente y esp per’ en todos los reynos, estados y señoríos que de mi heredaredes. Favoreciendo la divina justicia y mandando que esto se haga derechamente..., mayormente contra todos los sospechosos, y culpados en toy herejías; herrores y sectas reprobadas contrarias a nuestra fe Católica y religión, teniendo especial solicitud y cuidado de defender en todos los estados, reynos y señoríos, por todas las vías, y modos que fuere posible esto, y castigar con razón..." (Pag. 153) El rey da mucha importancia a la defensa de la fe católica, para ello el futuro monarca debe favorecer la justicia divina y castigar duramente a los herejes y las sectas. Para ello se deben usar todas las vías posibles.
Continua su discurso hablando de los problemas que ha tenido con los herejes en Alemania, a los que no ha podido vencer. Por ello, encarga a Felipe la convocatoria del Concilio, que ayude a la Iglesia, le exhorta a que se someta a la sede papal y la injerencia en la política de otros reinos y estados donde hubiera abuso contra Dios. Con esto último, está legitimando cualquier guerra en nombre de la religión, calificándola como justa y justificada. Esta idea es importante para entender la postura de Felipe II en la rebelión de Flandes.
A pesar de animarle al uso de la violencia le anima a promover la paz, porque es una de las cosas que Dios más quiere. Carlos justifica la Guerra en la Justa Defensa. En ella incluye la guerra para conservar territorios. Le encomienda que no pierda nada de los estados heredados ni de su hacienda. (Pag. 157) Por lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que Carlos V considera que la Guerra Justa es aquella que está hecha en defensa de la religión o en legítima defensa.
En el orden internacional confirma como aliado a su hermano Fernando, el rey de los romanos. Confía que la paz y el concilio arreglen las cosas en Alemania. Le pide amistad con los electores y príncipes de Alemania. Paz con Francia. Aunque le advierte de la falta de palabra del rey francés. (Pag. 170)
En el caso de Flandes, Carlos V le habla de las perturbaciones que pueden causar en el territorio los franceses y le pide que una en una sola entidad a estos territorios para defenderlos mejor.
Le recomienda que cuide las fuerzas del mar para enviar socorro, sobre todo a sus territorios en Italia y que mantenga fuerzas españolas en Italia, a causa de su enemigo Francés. (Pag. 174)
Además de un Armada fuerte Carlos recomienda a sus hijo que el ejército sea disciplinado, que no se divida, escandalice y que agrade a Dios. Por otro lado le manda que refuerce los soldados en Navarra, ya que no teme ningún ataque a los territorios de Flandes. En todas estas instrucciones se puede percibir la obsesión de Carlos V por el enemigo francés, al que quiere aislar por todos lados. Acerca de Flandes destacamos la idea de la necesidad de unir los territorios para la defensa.
En la carta se dan además numerosas instrucciones militares y de logística, como la promoción de todo tipo de fortificaciones y galeras, con su abastecimiento, armas y municiones.
Unas líneas después, Carlos V vuelve a hacer referencia la defensa de Flandes, de la que dice que está bien fortificada y que se han dispuesto nuevas diligencias para mejorar las fortificaciones. También reitera que o hay que temer ningún ataque de los franceses. (Pag. 178) Carlos V continua hablando de la gran fidelidad que en el pasado y en el presente de su vasallos flamencos le han manifestado y confía que sea igual en el futuro. Han servido muy bien en el pasado y el rey podrá servirse de ellos.
El Emperador le anima a la amistad con Inglaterra y Escocia.
Tras estas directrices políticas y estratégicas da una serie de órdenes doméstica pero de influencia internacional (3). La carta es secreta, dirigida Felipe II, y está firmada el 18 de Henero de 1548. El Rey Carlos V de Alemania.
Las tres líneas estratégicas que se pueden sacar de la carta son: aislamiento de los franceses, guerra a los herejes tanto dentro como fuera del territorio del rey, amistad con las demás potencias y con el Papa.
Con respecto al concepto de Guerra Justa que Carlos V lega a su hijo se puede considerar en dos casos: lucha a favor de la religión católica y en defensa de los territorios patrimoniales.
Estas tres líneas de estrategia y estos dos casos de Guerra Justa van a ser, en gran medida, los instrumentos morales y de acción política de Felipe II en los Países Bajos.
Pero, ¿la situación en los Países Bajos era preocupante en cuanto a la extensión de la Reforma, para que el rey advirtiera al príncipe del peligro de herejía o tan sólo no quería que este repitiera los errores que él mismo cometió en Alemania?
Aquí es importante una de las cartas dirigidas por Manrique Alonso (4), Arzobispo de Sevilla, a Carlos sobre los luteranos en 1548. El cardenal Alonso Manrique es también arzobispo de Sevilla y obispo de Badajoz. En la carta habla de la "herejía" de Lutero. Comenta que no se actúa contra los herejes y que a pocos se les manda llamar y la mayoría vuelve tranquilos a sus casas, sin castigo. El Cardenal advierte de la necesidad de hostigar a la herejía y pone ejemplos de reyes anteriores, que la persiguieron. Anima al rey a perseguir a sus súbditos herejes, para enaltecer su honra entre los demás príncipes.
El cardenal destaca dos líneas de actuación para terminar con los herejes. Por un lado, le pide que se cree un Consejo de Jueces, como lo hay en España. Una vez creado dicho consejo solicita que se ejecuten las sentencias que imponga. La carta termina bruscamente, posiblemente falte algún fragmento.
El informe del Cardenal nos hace pensar que en los Países Bajos existía una verdadera preocupación acusa de la extensión de la Reforma, de hecho, desde el principio se prohibió el luteranismo (5), se quemaron libros de Lutero en Lovaina. En 1522 se estableció la Inquisición estatal para reforzar a la Inquisición episcopal. En 1523 se quemó en Bruselas al primer mártir protestante del mundo; otros muchos siguieron poco después su suerte.
La represión no consiguió paralizar la Reforma, ya que en la década de los treinta circulaban por los Países Bajos unas treinta obras de Lutero y quince versiones parciales o completas de la Biblia en las lenguas de los diferentes estados.
En Holanda, Flandes y Frisia había numerosos grupos de anabaptistas, también había seguidores de Bucero y Zwinglio. Con respecto a los reformistas holandeses destacan Joris Cassander (Brujas), David Joris (líder de una secta mesiánica) y Hendrik Niclaes (fundador de "la Familia del Amor" de corte espiritualista).
Según nos cuenta Parker (6) bajo el reinado de Carlos V al menos 2.000 personas fueron ejecutadas a causa de sus creencias religiosas. Durante los años 1544-45 la persecución fue virulenta debido al apogeo de los seguidores de Münster. En cambió la Reforma no empezó a perder terreno hasta la década de 1544 a 1554.
Cuando Carlos V abdicó, el protestantismo era un problema irresoluto en los Países Bajos, incluso en avance gracias al empuje del calvinismo. Felipe II tendría que enfrentarse a él. Las directrices de su padre eran claras, eliminación de los heterodoxos y mantenimiento del patrimonio real a cualquier precio. El camino estaba marcado, ¿cómo actuaría el heredero del imperio más grande del mundo?
(Continuará)
(1) Pérez-Butamante, Rogelio, El Gobierno del Imperio Español, Comunidad de Madrid, Madrid, 2000. Pág. 298-299. (2) Biblioteca Nacional Madrid. Manuscrito Signatura, Mss/10129(h.149r.-202r.). Carta “ Advertencia del emperador Carlos V que dexo escritas de su mano al Rei D. Phelipe 2º, su hijo: fundadas en materia de estado y gobierno, cosa digna de que ningún príncipe ni himbre ignore”. Autor: Rey Carlos V.Fecha s. XVI.53 h; 32x21 cmÍndice en h 149v 151 v. Testamento político de Carlos V. 18 de henero de 1548. (3) Le recomienda el casamiento con su prima la hija de Fernando. Manda que su hija se case con el príncipe de Portugal. La otra hija con Maximiliano Archiduque. (4) Biblioteca Nacional de Madrid, Signatura, Mss/11262/30, Manrique Alonso, Arzobispo de Sevilla. Carta del Cardenal Alonso de Manrique, Inquisidor General en Flandes, a Carlos V sobre los Luteranos”. Fecha s. XVI. 1526-1538. 4 h; 28x22 cm, Testamento político de Carlos V. 18 de henero de 1548. (5) Edicto de 1529 prohibiendo el luteranismo en los Países Bajos, un año antes de la famosa Dieta de Worms. (6) Parker, Geoffrey, España y la rebelión de Flandes, NEREA, Madrid, 1989.
Wed, 18 May 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
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Los Países Bajos durante el siglo XVI (I)
Muchas veces política y religión se mezclan formando un complejo tapiz en el que ideas como Estado, Fe o Poder se mezclan hasta confundirse. La estrategia de los Habsburgo estuvo marcada por la bipolaridad de los intereses políticos y los económicos. En las próximas semanas profundizaremos en los resultados desastrosos de unir religión y política. En esta serie de artículos pretendemos dilucidar las intenciones últimas de la política de Felipe II en los Países Bajos, las posibilidades que la enconada discordia fue proveyendo y el uso que se hizo de ellas. Para ello es fundamental plantearnos una serie de preguntas que nos ayuden a clarificar los hechos y su complejidad. ¿Por qué Carlos V legó las antiguas posesiones borgoñesas a su hijo? ¿Los estados borgoñeses no encajaban mejor en el entramado del Sacro Imperio Romano Germánico? ¿Felipe II tenía una estrategia con respecto a sus posesiones en Europa Occidental? ¿Predominaban los intereses comerciales de las provincias holandesas frente a los estratégicos? ¿Felipe II antepuso sus derechos patrimoniales a los supranacionales? ¿La religión tuvo un papel predominante en el desenlace y radicalización del conflicto? Y por último, ¿Cómo influyó la idea de Guerra Justa en la estrategia de Felipe II en sus posesiones más occidentales? Antes de intentar responder, en la medida que las fuentes y las opiniones de los distintos historiadores nos lo permitan, deberíamos definir el término estrategia y Guerra Justa . En primer término, Estrategia es, según el diccionario Espasa, el arte de dirigir las operaciones militares. Esta definición se queda corta en principio ya que relaciona estrategia exclusivamente con el arte de la guerra. Pero la definición continúa: arte, traza para seguir un asunto. Previa planificación y organización de un asunto, podríamos decir. Para terminar con proceso regulable, el conjunto de las reglas que aseguran una decisión óptima en cada momento. ¿Tenía Felipe II una regla, unos cánones para desarrollar su política exterior (1) o se limitaba a reaccionar ante los problemas que iban surgiendo? Miguel Ángel Echevarria comenta al respecto que "comúnmente se viene diciendo que Felipe II, y en general los Habsburgo, carecían de un programa de actuación en política exterior, que se limitaron a defender lo poseído, y que, por ello sólo nos es dado a conocer las grandes líneas de su pensamiento estratégico a través de la práctica." (2) Esto no quiere decir que Felipe II no viera las ventajas estratégicas de Flandes. Echevarría cita a Geoffrey Parker y dice que este "ha conseguido obtener una inteligente percepción de los principios estratégicos de Felipe II en lo militar, que resume en una idea: los dominios del rey forman un edificio integrado y dependiente; y en ellos, la posesión de Flandes es esencial por tres grandes razones: anula a Francia, sirve de campo de batalla en lugar de España, y distrae a los enemigos de atacar posesiones vitales de la monarquía". Pero la definición de Parker tan sólo habla de la estrategia a nivel militar. Baltasar Poreño, en su biografía de Felipe II titulada Dicho y hechos del rey don Felipe II (1628), habla del carácter unitario. El rey es como un tejedor que por medio de alianzas va formando su tela, cuando un hilo se rompe, inmediatamente se intenta soldarle. La política de equilibrios que Felipe II persiguió, una política por otro lado característica de los Habsburgo, se vio truncada por otro elemento importante en la estrategia del rey la defensa de la religión católica. La defensa de la religión católica nos entronca directamente con el otro concepto que queríamos definir antes de ahondar en el tema que nos ocupa. La Guerra Justa es ante todo, en la mente de Felipe II, la defensa de la fe y el derecho. Pero en todo esto profundizaremos a lo largo de la investigación. Este argumento lo vemos constante repetido en las cartas del rey como la dirigida a Requeséns, gobernador de los Países Bajos, el 12 de agosto de 1566: "La professión que su Magestad ha hecho y opinión que ha ganado a costa de tantos tesoros y vidas de no consentir un tilde torcido en cosa de religión" (3). Las fuentes principales que hemos usado para poder aprehender la estrategia real y su concepto de guerra justa han sido las epístolas entre Carlos V y Felipe II, la correspondencia de Felipe II con algunos de sus gobernadores y prelados y cuatro de los libros que trataron en la época posterior la Guerra de Flandes antes de la Tregua de los doce años. Los dos libros(4) base de esta investigación han sido: - Coloma, Carlos, Las guerras de los Estados Baxos desde el año de MDLXXXVIII hasta el de MDXCIX, en Amberes: en casa de Pedro y Iuan Bellero, 1625.
- Cardenal Bentivollo Las guerras de Flandes: desde la muerte del emperador Carlos V hasta la conclusion de la Tregua de doze años, en Amberes: por Geronymo Verdussen, impressor y mercader de libros, 1687.
La profusión de libros sobre el tema nos hace pensar que el tema produjo interés a los coetáneos, los libros que hemos consultado fueron escritos en Español y para españoles, por lo que la información es parcial y limitada, aun así son una fuente importante de datos, y sobre todo, nos ayudan a saber cual era la opinión de los historiadores de la época. La estrategia filipina es una herencia y una continuación de la ejercida por su padre, por ello pondremos especial atención en las instrucciones que le dejó este antes de morir. Flandes chocó de frente con las pretensiones y deseos del rey, convirtiéndose en una de las pesadillas de su hacienda y prestigio, pero siempre hubo una estrategia detrás de los actos del rey, aquí intentaremos desvelarla.
1) Entendiendo en este caso exterior como lo ajeno a las Coronas de Aragón y Castilla en sus límites peninsulares. 2) Echevarría, Miguel Ángel, Flandes y la Monarquía Hispánica, Sílex, Madrid, 1998. Pág. 73. 3) Carta del rey dirigida a Requeséns, gobernador de los Países Bajos, el 12 de agosto de 1566. BNM. 4) Biblioteca Nacional de Madrid, Sala Cervantes.
Wed, 11 May 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: La Contrareforma
Los comienzos del teatro en la Europa cristiana tiene como origen la devoción religiosa. Los gremios de artesanos comenzaron a organizar pequeñas representaciones religiosas para celebrar algunas de las más significativas fiestas cristianas como: la Pasión, Reyes y Navidad. Las obras teatrales también trataban sobre misterios religiosos (concepción virginal, Trinidad, Purgatorio) y vidas de santos. Como es natural los diferentes gremios competían entre si para realizar las representaciones más espectaculares, lo que llevó a una lenta profesionalización de los actores, que en principio se dedicaban de forma voluntaria a ellas. Los autos, las danzas, bailes y otros tipos de entretenimientos se fueron complicando, lo que exigía más tiempo y dedicación. La Iglesia (católica) no tardó mucho en reglamentar y potenciar esta forma popular de representación religiosa, ya que vio en ella un medio para adoctrinar a las masas. De esta forma, las sencillas historias bíblicas o las edificantes vidas de santos, formaban a la gente sencilla. No olvidemos que los oficios religiosos se hacían en latín, y que la formación religiosa del pueblo no pasaba de la memorización de algunas sencillas oraciones, el Credo y poco más. Naturalmente la Iglesia condenaba el teatro secular y contribuyó a su persecución. En el año 1600 Felipe III puso fin a la prohibición de montar espectáculos teatrales, promulgada por Felipe II en el año 1582. Aunque el estado concediese permiso para formar compañías, estas estaban sujetas a varias condiciones de carácter religioso. La temporada teatral la regía el calendario religioso. Comenzaba con la Pascua de Resurrección y terminaba el martes de Carnaval. Después de esto las compañías se preparaban para las representaciones de la fiesta del Hábeas. Los cómicos y actores tenían fama de gente irreverente e inmoral, por lo que en la legislación del 1587, que regulaba la participación de las mujeres en las compañías teatrales, se exigía que estuvieran casadas o fueran menores hijas de padres dedicados al teatro. Por otra parte, todos los tipos de compañías, gangarilla, cambaleo, garnacha, bojiganga y farándula, llevaban diferentes autos religiosos, que de una manera directa adoctrinaban a la gente sencilla. Aunque la Iglesia no logró prohibir las representaciones teatrales en las corralas, presionó para que hombres y mujeres estuvieran separados y prohibió a los sacerdotes asistir a ellas. Los textos eran censurados. Primero existía la propia censura realizada por el autor de comedias, después venía la censura eclesiástica y la obra podía llegar a ser prohibida e inscrita en los Índices de libros prohibidos. Aunque el rigor se ponía más en los contenidos doctrinales que en los morales. Desde antiguo las expresiones culturales han sido utilizadas por y para el poder. El Siglo de Oro no fue una excepción. Si bien, la intención de entretener presidía el espectáculo del teatro, el estado y la Iglesia intentaron regularlo y reglamentarlo. El teatro en forma de auto sacramental era una manera sencilla de adoctrinar a la gente humilde. La Iglesia de la Contrarreforma se veía en la necesidad de preparar a sus fieles contra la herejía, por eso se hacía tan importante el control y el uso de la cultura en general. El teatro más secular, aunque trataba temas profanos, tocaba colateralmente temas de moral y religiosos, dado el fuerte factor devoto de la sociedad de la época.
Wed, 4 May 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: La Contrareforma
Uno de los propósitos de la Contrarreforma siempre fue dar pasos hacia un paulatino adoctrinamiento de las masas populares, muchas veces regidas por las más burdas supersticiones. El aspecto religioso de la sociedad española en la Edad Moderna es inequívoco. El miedo a la muerte, mucho más cercana que en la actualidad, al infierno, a los demonios y todo tipo de seres diabólicos, a la brujería, las fuerzas de la naturaleza y el propio futuro, actuaban como reforzadores de la búsqueda de lo trascendente.
Naturalmente esta búsqueda no se hacía por los medios oficiales, dictados por la Iglesia Católica y las autoridades civiles.
La Iglesia Católica realizó un verdadero esfuerzo educativo, fomentando la edición de libros de vida de santos, la beatificación y canonización de varias personas. Otra de las ideas más difundidas por “la” Iglesia fue el culto a la Virgen, la creación de nuevas cofradías, la promulgación de nuevas fiestas religiosas y la prohibición de otra de carácter pagano.
El control del clero y la feligresía fue más riguroso, se crearon nuevos confesionarios que evitaban el contacto físico. Las imágenes religiosas se potenciaron con la intención de aumentar la devoción.
Todas estas medidas religiosas no impidieron la supervivencia de costumbres e ideas supersticiosas. La Inquisición no se empleó a fondo para erradicar la brujería, dato que resulta curioso dado su gran afán por terminar con toda heterodoxia.
El pueblo cansado y agotado de sus innumerables sacrificios, buscaba desesperadamente cualquier cosa que pudiera entretenerlo. Al no poder acceder a la literatura, sus únicas formas de entretenimiento eran los toros, algunas fiestas populares, los bailes y el teatro.
Sat, 30 Apr 2011 - 22:22 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: Paises Bajos
Los Países Bajos nunca fueron una prioridad en la política internacional de los Reyes Católicos, entre otros motivos, porque no existían como una unidad territorial compacta. La herencia de Felipe, el primogénito de Maximiliana de Habsburgo e hijo de la duquesa María de Borgoña, recayó sobre su propio hijo, Carlos V, en el que se unieron las dos casas anteriormente citadas. Carlos V era natural de Gante y aunaba en su sola figura dos realidades muy distintas. Dos realidades que terminarían en unirse en una: el Imperio. Un imperio que llegaba más allá del de su abuelo Maximiliano.
La Casa de Borgoña desde el siglo XV aglutinaba los territorios del ducado de Borgoña, el condado de Flandes, Atois, y Malinas. Bajo el liderazgo de Felipe el Bueno se incorporaron Brabante y Limburgo, Holanda, Zelanda, Hainaut, Frisia Occidental y Luxemburgo. El duque además formó por primera vez los Estados Generales en 1451, con el fin de centralizar el mosaico de pequeños estados con leyes y costumbres distintas. Su sucesor Carlos en Temerario incorporó el estado de Gueldres en 1472, además intentó crear un parlamento en Malinas.
Los duques realizaron el esfuerzo de aunar todos los territorios para poner las bases de una nueva monarquía, pero la temprana muerte de Carlos el temerario y, años más tarde, de su hija y heredera Maria, dejaron la obra incompleta. Felipe el Hermoso también murió muy joven y la minoría de edad de Carlos, impedía cualquier tipo de reformas.
Carlos V soberano de un basto imperio se determinó a terminar la obra de sus ancestros, la unidad política de los Países Bajos. El poder de Carlos V fue delegado durante todo su reinado a dos gobernadoras viudas: Margarita de Austria, tía del rey, que gobernó desde 1506 al 1514 y después del 1517 al 1530. Tras su muerte la sucedió una hermana de Carlos V, doña María, reina de Hungría (1530-1555).
El factor de unidad lo aportó Carlos V tras la paz de Mülhberg (1547), con los príncipes alemanes, con la llamada Transacción de Augsburgo, por la que agrupaba institucionalmente a los territorios neerlandeses y al Franco Condado. Nacían las llamadas Diecisiete Provincias.
El Círculo de Borgoña, que era como también se denominaba a las Diecisiete Provincias, pertenecía a uno de los denominados círculos imperiales, ya que desde antiguo algunas de las provincias habían sido vasallas del Sacro Imperio Romano Germánico.
¿Por qué Carlos V no delega estos territorios a su hermano Fernando, que regía los territorios patrimoniales imperiales? El profesor Rogelio Pérez-Bustamante nos da la siguiente explicación: "Carlos V establece un eficaz mecanismo para la preservación en la integración de sus estados patrimoniales, confiando su dirección a la Monarquía Hispánica, dotada de los necesarios recursos materiales y la pujanza política imprescindible para la satisfacción de un objetivo dinástico que, en último término, satisface un razonamiento adicional: la continuación del cerco estratégico sobre el gran adversario de los Habsburgo en la hegemonía continental: Francia" (1).
DE CARLOS V A FELIPE II Además de la estrategia anti francesa hay un hecho coyuntural que favorece la herencia de los Países Bajos a favor de Felipe II: "La incorporación de los Países Bajos se producía en unas circunstancias internacionales de verdadera excepción. Felipe II era rey de Inglaterra y su conjunto dominio con los Países Bajos, permitía configurar un óptimo dispositivo estratégico en ambas orillas del Canal. (...) Aquella opción política, sin embargo, se cerraría tras la prematura muerte de la reina en 1558".
De hecho, Felipe II intentó en diversas ocasiones unir de nuevo a las dos coronas para favorecer sus intereses en el Atlántico Norte.
La influencia intelectual del preceptor de Carlos V, Erasmo de Rotterdam, en la mentalidad práctica de los flamencos fue patente. Los ideales de libertad y toda abominación por la guerra y la violencia impregnaron a la sociedad de Flandes, alejándola de la mentalidad hispana, según el mismo Erasmo, tendente a la guerra y la violencia. El desencuentro entre dos culturas tan diferentes se haría patente e irreconciliable a medida que avanzaba el siglo XVI.
El testamento político de Carlos V (2) dirigido a su hijo Felipe II nos aclara algunas de las pautas seguidas por este años después.
En los tres primeros capítulos está el premio y la exhortación del rey por el Emperador Carlos V a su hijo Felipe II. Las referencias religiosas del texto son constantes. En primer lugar Carlos V invoca al sometimiento del gobierno a Dios: "Firme fundamento de una buena gobernación deveis siempre concertar vos rest al bien de la infinita benignidad de Dios, y someteros vuestros deseos y acciones a su voluntad d(e) la qual haciendo con temor de no ofenderle alcanzareis cortisimamente su ayuda, y amparo, y (...) en todo y por todo, conbendra para bien reinar, y gobernar y para que su divina Maj os alumbre... deveis tener siempre muy encomendada, y en la memoria la observación, defensa, y aumento de nuestra feé Católica (mayúsculas) generalmente y esp per’ en todos los reynos, estados y señoríos que de mi heredaredes. Favoreciendo la divina justicia y mandando que esto se haga derechamente..., mayormente contra todos los sospechosos, y culpados en toy herejías; herrores y sectas reprobadas contrarias a nuestra fe Católica y religión, teniendo especial solicitud y cuidado de defender en todos los estados, reynos y señoríos, por todas las vías, y modos que fuere posible esto, y castigar con razón..." Pag 153.
El rey da mucha importancia a la defensa de la fe católica, para ello el futuro monarca debe favorecer la justicia divina y castigar duramente a los herejes y las sectas. Para ello se deben usar todas las vías posibles.
Continua su discurso hablando de los problemas que ha tenido con los herejes en Alemania, a los que no ha podido vencer. Por ello, encarga a Felipe la convocatoria del Concilio, que ayude a la Iglesia, le exhorta a que se someta a la sede papal y la injerencia en la política de otros reinos y estados donde hubiera abuso contra Dios. Con esto último, está legitimando cualquier guerra en nombre de la religión, calificándola como justa y justificada. Esta idea es importante para entender la postura de Felipe II en la rebelión de Flandes.
A pesar de animarle al uso de la violencia le anima a promover la paz, porque es una de las cosas que Dios más quiere. Carlos justifica la Guerra en la Justa Defensa. En ella incluye la guerra para conservar territorios. Le encomienda que no pierda nada de los estados heredados ni de su hacienda. (157).
Por lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que Carlos V considera que la Guerra Justa es aquella que está hecha en defensa de la religión o en legítima defensa.
En el orden internacional confirma como aliado a su hermano Fernando, el rey de los romanos. Confía que la paz y el concilio arreglen las cosas en Alemania. Le pide amistad con los electores y príncipes de Alemania. Paz con Francia. Aunque le advierte de la falta de palabra del rey francés. (170).
En el caso de Flandes, Carlos V le habla de las perturbaciones que pueden causar en el territorio los franceses y le pide que una en una sola entidad a estos territorios para defenderlos mejor.
Le recomienda que cuide las fuerzas del mar para enviar socorro, sobre todo a sus territorios en Italia y que mantenga fuerzas españolas en Italia, a causa de su enemigo Francés. (174).
Además de un Armada fuerte Carlos recomienda a sus hijo que el ejército sea disciplinado, que no se divida, escandalice y que agrade a Dios. Por otro lado le manda que refuerce los soldados en Navarra, ya que no teme ningún ataque a los territorios de Flandes.
En todas estas instrucciones se puede percibir la obsesión de Carlos V por el enemigo francés, al que quiere aislar por todos lados. Acerca de Flandes destacamos la idea de la necesidad de unir los territorios para la defensa.
En la carta se dan además numerosas instrucciones militares y de logística, como la promoción de todo tipo de fortificaciones y galeras, con su abastecimiento, armas y municiones.
Unas líneas después, Carlos V vuelve a hacer referencia la defensa de Flandes, de la que dice que está bien fortificada y que se han dispuesto nuevas diligencias para mejorar las fortificaciones. También reitera que o hay que temer ningún ataque de los franceses. (178).
Carlos V continua hablando de la gran fidelidad que en el pasado y en el presente de su vasallos flamencos le han manifestado y confía que sea igual en el futuro. Han servido muy bien en el pasado y el rey podrá servirse de ellos.
El Emperador le anima a la amistad con Inglaterra y Escocia.
Tras estas directrices políticas y estratégicas da una serie de órdenes doméstica pero de influencia internacional (3). La carta es secreta, dirigida Felipe II, y está firmada el 18 de Henero de 1548. El Rey Carlos V de Alemania.
Las tres líneas estratégicas que se pueden sacar de la carta son: aislamiento de los franceses, guerra a los herejes tanto dentro como fuera del territorio del rey, amistad con las demás potencias y con el Papa.
Con respecto al concepto de Guerra Justa que Carlos V lega a su hijo se puede considerar en dos casos: lucha a favor de la religión católica y en defensa de los territorios patrimoniales.
Estas tres líneas de estrategia y estos dos casos de Guerra Justa van a ser, en gran medida, los instrumentos morales y de acción política de Felipe II en los Países Bajos.
Pero, ¿la situación en los Países Bajos era preocupante en cuanto a la extensión de la Reforma, para que el rey advirtiera al príncipe del peligro de herejía o tan sólo no quería que este repitiera los errores que él mismo cometió en Alemania?
Aquí es importante una de las cartas dirigidas por Manrique Alonso (4), Arzobispo de Sevilla, a Carlos sobre los luteranos en 1548. El cardenal Alonso Manrique es también arzobispo de Sevilla y obispo de Badajoz. En la carta habla de la “herejía” de Lutero. Comenta que no se actúa contra los herejes y que a pocos se les manda llamar y la mayoría vuelve tranquilos a sus casas, sin castigo. El Cardenal advierte de la necesidad de hostigar a la herejía y pone ejemplos de reyes anteriores, que la persiguieron. Anima al rey a perseguir a sus súbditos herejes, para enaltecer su honra entre los demás príncipes.
El cardenal destaca dos líneas de actuación para terminar con los herejes. Por un lado, le pide que se cree un Consejo de Jueces, como lo hay en España. Una vez creado dicho consejo solicita que se ejecuten las sentencias que imponga. La carta termina bruscamente, posiblemente falte algún fragmento.
El informe del Cardenal nos hace pensar que en los Países Bajos existía una verdadera preocupación acusa de la extensión de la Reforma, de hecho, desde el principio se prohibió el luteranismo (5), se quemaron libros de Lutero en Lovaina. En 1522 se estableció la Inquisición estatal para reforzar a la Inquisición episcopal. En 1523 se quemó en Bruselas al primer mártir protestante del mundo, otros muchos siguieron poco después su suerte.
La represión no consiguió paralizar la Reforma, ya que en la década de los treinta circulaban por los Países Bajos unas treinta obras de Lutero y quince versiones parciales o completas de la Biblia en las lenguas de los diferentes estados.
En Holanda, Flandes y Frisia había numerosos grupos de anabaptistas, también había seguidores de Bucero y Zwinglio. Con respecto a los reformistas holandeses destacan Joris Cassander (Brujas), David Joris (líder de una secta mesiánica) y Hendrik Niclaes (fundador de “la Familia del Amor” de corte espiritualista).
Según nos cuenta Parker (6) bajo el reinado de Carlos V al menos 2.000 personas fueron ejecutadas a causa de sus creencias religiosas. Durante los años 1544-45 la persecución fue virulenta debido al apogeo de los seguidores de Münster. En cambió la Reforma no empezó a perder terreno hasta la década de 1544 a 1554.
Cuando Carlos V abdicó, el protestantismo era un problema irresoluto en los Países Bajos, incluso en avance gracias al empuje del calvinismo. Felipe II tendría que enfrentarse a él. Las directrices de su padre eran claras, eliminación de los heterodoxos y mantenimiento del patrimonio real a cualquier precio. El camino estaba marcado, ¿cómo actuaría el heredero del imperio más grande del mundo?
(Continuará)
(1) Pérez-Butamante, Rogelio, El Gobierno del Imperio Español, Comunidad de Madrid, Madrid, 2000. Pág. 298-299. (2) Biblioteca Nacional Madrid. Manuscrito Signatura, Mss/10129(h.149r.-202r.). Carta “ Advertencia del emperador Carlos V que dexo escritas de su mano al Rei D. Phelipe 2º, su hijo: fundadas en materia de estado y gobierno, cosa digna de que ningún príncipe ni himbre ignore”. Autor: Rey Carlos V.Fecha s. XVI.53 h; 32x21 cmÍndice en h 149v 151 v. Testamento político de Carlos V. 18 de henero de 1548. (3) Le recomienda el casamiento con su prima la hija de Fernando. Manda que su hija se case con el príncipe de Portugal. La otra hija con Maximiliano Archiduque. (4) Biblioteca Nacional de Madrid, Signatura, Mss/11262/30, Manrique Alonso, Arzobispo de Sevilla. Carta del Cardenal Alonso de Manrique, Inquisidor General en Flandes, a Carlos V sobre los Luteranos”. Fecha s. XVI. 1526-1538. 4 h; 28x22 cm, Testamento político de Carlos V. 18 de henero de 1548. (5) Edicto de 1529 prohibiendo el luteranismo en los Países Bajos, un año antes de la famosa Dieta de Worms. (6) Parker, Geoffrey, España y la rebelión de Flandes, NEREA, Madrid, 1989.
Sat, 30 Apr 2011 - 22:22 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: Paises Bajos
Los Países Bajos nunca fueron una prioridad en la política internacional de los Reyes Católicos, entre otros motivos, porque no existían como una unidad territorial compacta. La herencia de Felipe, el primogénito de Maximiliana de Habsburgo e hijo de la duquesa María de Borgoña, recayó sobre su propio hijo, Carlos V, en el que se unieron las dos casas anteriormente citadas. Carlos V era natural de Gante y aunaba en su sola figura dos realidades muy distintas. Dos realidades que terminarían en unirse en una: el Imperio. Un imperio que llegaba más allá del de su abuelo Maximiliano.
La Casa de Borgoña desde el siglo XV aglutinaba los territorios del ducado de Borgoña, el condado de Flandes, Atois, y Malinas. Bajo el liderazgo de Felipe el Bueno se incorporaron Brabante y Limburgo, Holanda, Zelanda, Hainaut, Frisia Occidental y Luxemburgo. El duque además formó por primera vez los Estados Generales en 1451, con el fin de centralizar el mosaico de pequeños estados con leyes y costumbres distintas. Su sucesor Carlos en Temerario incorporó el estado de Gueldres en 1472, además intentó crear un parlamento en Malinas.
Los duques realizaron el esfuerzo de aunar todos los territorios para poner las bases de una nueva monarquía, pero la temprana muerte de Carlos el temerario y, años más tarde, de su hija y heredera Maria, dejaron la obra incompleta. Felipe el Hermoso también murió muy joven y la minoría de edad de Carlos, impedía cualquier tipo de reformas.
Carlos V soberano de un basto imperio se determinó a terminar la obra de sus ancestros, la unidad política de los Países Bajos. El poder de Carlos V fue delegado durante todo su reinado a dos gobernadoras viudas: Margarita de Austria, tía del rey, que gobernó desde 1506 al 1514 y después del 1517 al 1530. Tras su muerte la sucedió una hermana de Carlos V, doña María, reina de Hungría (1530-1555).
El factor de unidad lo aportó Carlos V tras la paz de Mülhberg (1547), con los príncipes alemanes, con la llamada Transacción de Augsburgo, por la que agrupaba institucionalmente a los territorios neerlandeses y al Franco Condado. Nacían las llamadas Diecisiete Provincias.
El Círculo de Borgoña, que era como también se denominaba a las Diecisiete Provincias, pertenecía a uno de los denominados círculos imperiales, ya que desde antiguo algunas de las provincias habían sido vasallas del Sacro Imperio Romano Germánico.
¿Por qué Carlos V no delega estos territorios a su hermano Fernando, que regía los territorios patrimoniales imperiales? El profesor Rogelio Pérez-Bustamante nos da la siguiente explicación: "Carlos V establece un eficaz mecanismo para la preservación en la integración de sus estados patrimoniales, confiando su dirección a la Monarquía Hispánica, dotada de los necesarios recursos materiales y la pujanza política imprescindible para la satisfacción de un objetivo dinástico que, en último término, satisface un razonamiento adicional: la continuación del cerco estratégico sobre el gran adversario de los Habsburgo en la hegemonía continental: Francia" (1).
DE CARLOS V A FELIPE II Además de la estrategia anti francesa hay un hecho coyuntural que favorece la herencia de los Países Bajos a favor de Felipe II: "La incorporación de los Países Bajos se producía en unas circunstancias internacionales de verdadera excepción. Felipe II era rey de Inglaterra y su conjunto dominio con los Países Bajos, permitía configurar un óptimo dispositivo estratégico en ambas orillas del Canal. (...) Aquella opción política, sin embargo, se cerraría tras la prematura muerte de la reina en 1558".
De hecho, Felipe II intentó en diversas ocasiones unir de nuevo a las dos coronas para favorecer sus intereses en el Atlántico Norte.
La influencia intelectual del preceptor de Carlos V, Erasmo de Rotterdam, en la mentalidad práctica de los flamencos fue patente. Los ideales de libertad y toda abominación por la guerra y la violencia impregnaron a la sociedad de Flandes, alejándola de la mentalidad hispana, según el mismo Erasmo, tendente a la guerra y la violencia. El desencuentro entre dos culturas tan diferentes se haría patente e irreconciliable a medida que avanzaba el siglo XVI.
El testamento político de Carlos V (2) dirigido a su hijo Felipe II nos aclara algunas de las pautas seguidas por este años después.
En los tres primeros capítulos está el premio y la exhortación del rey por el Emperador Carlos V a su hijo Felipe II. Las referencias religiosas del texto son constantes. En primer lugar Carlos V invoca al sometimiento del gobierno a Dios: "Firme fundamento de una buena gobernación deveis siempre concertar vos rest al bien de la infinita benignidad de Dios, y someteros vuestros deseos y acciones a su voluntad d(e) la qual haciendo con temor de no ofenderle alcanzareis cortisimamente su ayuda, y amparo, y (...) en todo y por todo, conbendra para bien reinar, y gobernar y para que su divina Maj os alumbre... deveis tener siempre muy encomendada, y en la memoria la observación, defensa, y aumento de nuestra feé Católica (mayúsculas) generalmente y esp per’ en todos los reynos, estados y señoríos que de mi heredaredes. Favoreciendo la divina justicia y mandando que esto se haga derechamente..., mayormente contra todos los sospechosos, y culpados en toy herejías; herrores y sectas reprobadas contrarias a nuestra fe Católica y religión, teniendo especial solicitud y cuidado de defender en todos los estados, reynos y señoríos, por todas las vías, y modos que fuere posible esto, y castigar con razón..." Pag 153.
El rey da mucha importancia a la defensa de la fe católica, para ello el futuro monarca debe favorecer la justicia divina y castigar duramente a los herejes y las sectas. Para ello se deben usar todas las vías posibles.
Continua su discurso hablando de los problemas que ha tenido con los herejes en Alemania, a los que no ha podido vencer. Por ello, encarga a Felipe la convocatoria del Concilio, que ayude a la Iglesia, le exhorta a que se someta a la sede papal y la injerencia en la política de otros reinos y estados donde hubiera abuso contra Dios. Con esto último, está legitimando cualquier guerra en nombre de la religión, calificándola como justa y justificada. Esta idea es importante para entender la postura de Felipe II en la rebelión de Flandes.
A pesar de animarle al uso de la violencia le anima a promover la paz, porque es una de las cosas que Dios más quiere. Carlos justifica la Guerra en la Justa Defensa. En ella incluye la guerra para conservar territorios. Le encomienda que no pierda nada de los estados heredados ni de su hacienda. (157).
Por lo anteriormente expuesto, podemos afirmar que Carlos V considera que la Guerra Justa es aquella que está hecha en defensa de la religión o en legítima defensa.
En el orden internacional confirma como aliado a su hermano Fernando, el rey de los romanos. Confía que la paz y el concilio arreglen las cosas en Alemania. Le pide amistad con los electores y príncipes de Alemania. Paz con Francia. Aunque le advierte de la falta de palabra del rey francés. (170).
En el caso de Flandes, Carlos V le habla de las perturbaciones que pueden causar en el territorio los franceses y le pide que una en una sola entidad a estos territorios para defenderlos mejor.
Le recomienda que cuide las fuerzas del mar para enviar socorro, sobre todo a sus territorios en Italia y que mantenga fuerzas españolas en Italia, a causa de su enemigo Francés. (174).
Además de un Armada fuerte Carlos recomienda a sus hijo que el ejército sea disciplinado, que no se divida, escandalice y que agrade a Dios. Por otro lado le manda que refuerce los soldados en Navarra, ya que no teme ningún ataque a los territorios de Flandes.
En todas estas instrucciones se puede percibir la obsesión de Carlos V por el enemigo francés, al que quiere aislar por todos lados. Acerca de Flandes destacamos la idea de la necesidad de unir los territorios para la defensa.
En la carta se dan además numerosas instrucciones militares y de logística, como la promoción de todo tipo de fortificaciones y galeras, con su abastecimiento, armas y municiones.
Unas líneas después, Carlos V vuelve a hacer referencia la defensa de Flandes, de la que dice que está bien fortificada y que se han dispuesto nuevas diligencias para mejorar las fortificaciones. También reitera que o hay que temer ningún ataque de los franceses. (178).
Carlos V continua hablando de la gran fidelidad que en el pasado y en el presente de su vasallos flamencos le han manifestado y confía que sea igual en el futuro. Han servido muy bien en el pasado y el rey podrá servirse de ellos.
El Emperador le anima a la amistad con Inglaterra y Escocia.
Tras estas directrices políticas y estratégicas da una serie de órdenes doméstica pero de influencia internacional (3). La carta es secreta, dirigida Felipe II, y está firmada el 18 de Henero de 1548. El Rey Carlos V de Alemania.
Las tres líneas estratégicas que se pueden sacar de la carta son: aislamiento de los franceses, guerra a los herejes tanto dentro como fuera del territorio del rey, amistad con las demás potencias y con el Papa.
Con respecto al concepto de Guerra Justa que Carlos V lega a su hijo se puede considerar en dos casos: lucha a favor de la religión católica y en defensa de los territorios patrimoniales.
Estas tres líneas de estrategia y estos dos casos de Guerra Justa van a ser, en gran medida, los instrumentos morales y de acción política de Felipe II en los Países Bajos.
Pero, ¿la situación en los Países Bajos era preocupante en cuanto a la extensión de la Reforma, para que el rey advirtiera al príncipe del peligro de herejía o tan sólo no quería que este repitiera los errores que él mismo cometió en Alemania?
Aquí es importante una de las cartas dirigidas por Manrique Alonso (4), Arzobispo de Sevilla, a Carlos sobre los luteranos en 1548. El cardenal Alonso Manrique es también arzobispo de Sevilla y obispo de Badajoz. En la carta habla de la “herejía” de Lutero. Comenta que no se actúa contra los herejes y que a pocos se les manda llamar y la mayoría vuelve tranquilos a sus casas, sin castigo. El Cardenal advierte de la necesidad de hostigar a la herejía y pone ejemplos de reyes anteriores, que la persiguieron. Anima al rey a perseguir a sus súbditos herejes, para enaltecer su honra entre los demás príncipes.
El cardenal destaca dos líneas de actuación para terminar con los herejes. Por un lado, le pide que se cree un Consejo de Jueces, como lo hay en España. Una vez creado dicho consejo solicita que se ejecuten las sentencias que imponga. La carta termina bruscamente, posiblemente falte algún fragmento.
El informe del Cardenal nos hace pensar que en los Países Bajos existía una verdadera preocupación acusa de la extensión de la Reforma, de hecho, desde el principio se prohibió el luteranismo (5), se quemaron libros de Lutero en Lovaina. En 1522 se estableció la Inquisición estatal para reforzar a la Inquisición episcopal. En 1523 se quemó en Bruselas al primer mártir protestante del mundo, otros muchos siguieron poco después su suerte.
La represión no consiguió paralizar la Reforma, ya que en la década de los treinta circulaban por los Países Bajos unas treinta obras de Lutero y quince versiones parciales o completas de la Biblia en las lenguas de los diferentes estados.
En Holanda, Flandes y Frisia había numerosos grupos de anabaptistas, también había seguidores de Bucero y Zwinglio. Con respecto a los reformistas holandeses destacan Joris Cassander (Brujas), David Joris (líder de una secta mesiánica) y Hendrik Niclaes (fundador de “la Familia del Amor” de corte espiritualista).
Según nos cuenta Parker (6) bajo el reinado de Carlos V al menos 2.000 personas fueron ejecutadas a causa de sus creencias religiosas. Durante los años 1544-45 la persecución fue virulenta debido al apogeo de los seguidores de Münster. En cambió la Reforma no empezó a perder terreno hasta la década de 1544 a 1554.
Cuando Carlos V abdicó, el protestantismo era un problema irresoluto en los Países Bajos, incluso en avance gracias al empuje del calvinismo. Felipe II tendría que enfrentarse a él. Las directrices de su padre eran claras, eliminación de los heterodoxos y mantenimiento del patrimonio real a cualquier precio. El camino estaba marcado, ¿cómo actuaría el heredero del imperio más grande del mundo?
(Continuará)
(1) Pérez-Butamante, Rogelio, El Gobierno del Imperio Español, Comunidad de Madrid, Madrid, 2000. Pág. 298-299. (2) Biblioteca Nacional Madrid. Manuscrito Signatura, Mss/10129(h.149r.-202r.). Carta “ Advertencia del emperador Carlos V que dexo escritas de su mano al Rei D. Phelipe 2º, su hijo: fundadas en materia de estado y gobierno, cosa digna de que ningún príncipe ni himbre ignore”. Autor: Rey Carlos V.Fecha s. XVI.53 h; 32x21 cmÍndice en h 149v 151 v. Testamento político de Carlos V. 18 de henero de 1548. (3) Le recomienda el casamiento con su prima la hija de Fernando. Manda que su hija se case con el príncipe de Portugal. La otra hija con Maximiliano Archiduque. (4) Biblioteca Nacional de Madrid, Signatura, Mss/11262/30, Manrique Alonso, Arzobispo de Sevilla. Carta del Cardenal Alonso de Manrique, Inquisidor General en Flandes, a Carlos V sobre los Luteranos”. Fecha s. XVI. 1526-1538. 4 h; 28x22 cm, Testamento político de Carlos V. 18 de henero de 1548. (5) Edicto de 1529 prohibiendo el luteranismo en los Países Bajos, un año antes de la famosa Dieta de Worms. (6) Parker, Geoffrey, España y la rebelión de Flandes, NEREA, Madrid, 1989.
Wed, 27 Apr 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: La Contrareforma
El teatro del Siglo de Oro español es, sin duda ninguna, una de las expresiones más claras de la riqueza cultural de nuestro pasado. La importancia que adquiere el teatro en los siglos XVI y XVII no conoce fronteras. En ciudades tan distintas y distantes como Roma, París, Londres o Madrid, de una manera casi simultánea, esta forma artística se extiende cambiando los hábitos culturales de los europeos. Los dos primeros siglos de la Edad Moderna fueron, indudablemente, periodos de conmoción y profundo cambio en el plano social y religioso. La expresión artística se convirtió, en muchos casos, en instrumento en manos de los estados para transmitir los “valores correctos” o la “verdadera religión”. En la España de la Contrarreforma el poder se concentraba en pocas manos: la Iglesia, la nobleza, la realeza y algunos pequeños grupos de burgueses. La monarquía, como directora de la política a seguir, imponía la ortodoxia en lo material y lo espiritual, apoyada en todo momento por una iglesia dócil, domesticada por lo derechos del rey para nombra cargos eclesiásticos. El férreo control cultural al que fue sometida España desde el reinado de Felipe II, separaría a esta de las ideas que corrían por el resto del continente. Este control no impidió un florecimiento cultural ni la formación y perfeccionamiento de expresiones populares de ocio. Alguno de los literatos más importantes de la literatura española son de este periodo como: Garcilaso, Guevara, Alfonso y Juan de Valdés, Villalón, Francisco de Rojas, Francisco Delicado, Herrera, Fray Luís de León, Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, Lope de Rueda, Cervantes, Lope de Vega, Calderón, Tirso de Molina, etc. Dado el gran número de autores y formas de expresión literaria, ¿podemos decir que el gobierno de los reinos de España intentó controlar la cultura y utilizarla para sus propios fines? El estudio de esta problemática sería largo y complicado. Por un lado las listas de libros prohibidos de la Inquisición, el uso de la Censura, los procesos inquisitoriales nos ayudarían a encontrar las conexiones entre ortodoxia y control estatal. Por el otro lado, el apoyo o rechazo a ciertos autores, también nos permitiría reconocer los literatos que de una manera activa apoyaban los valores de la elite. España ha sido y es una realidad plural. A principios del siglo XVI es uno de los primeros estados que ha completado su unificación territorial. La pluralidad cultural durante toda la Edad Media, le ha convertido en una monarquía heredera de diferentes corrientes de pensamiento. Musulmanes, judíos y cristianos han convivido, aunque no siempre pacíficamente, produciéndose intercambios culturales interesantes. España no podía empezar mejor el siglo XVI. La política de matrimonios de los Reyes Católicos, la empresa americana y la expansión aragonesa y catalana en el mediterráneo, dan a luz un periodo prodigioso en el terreno cultural. En los primeros años del siglo se crean nuevas instituciones de enseñanza, se propicia una reforma religiosa a nivel interno y la Península se abre a Europa como nunca. El cardenal Cisneros es el máximo exponente del deseo de unir grandeza política a desarrollo cultural. La Reforma Protestante parte en dos a Europa, pero su división no es tan sólo territorial. Se encuentran reformados en todos los países, en la mayor parte de las ciudades de la Europa. Parece que las fronteras políticas no pueden detener la nueva ola religiosa. El movimiento reformado tiene carácter universal, por eso se adapta a todas las culturas y busca nuevas formas de expresión. España, gobernada por los Augsburgo, se cierra a la reforma protestante. Carlos I, agotado en interminables guerras con los príncipes alemanes luteranos, aconseja a su hijo, Felipe II, que cierre el país a esa forma de “herejía”. El calendario de acontecimientos durante la segunda mitad del siglo XVI es muy claro: Autos de fe contra protestantes en Valladolid y Sevilla e inicio del proceso contra el arzobispo Carranza, también se aprueba la “Ley de Sangre” en 1559; prosigue la represión anti-protestante en Castilla y en Andalucía año 1562; endurecimiento de las medida contra moriscos en los años 1565-1567; aplastamiento de las rebeliones moriscas en el año 1571; tras la muerte de Felipe II la Inquisición y la represión van perdiendo poder. El Concilio de Trento, sueño de Carlos I de España, no sólo no termina con el cisma de occidente, sino más bien lo agrava. En la Europa Católica se produce lo que se ha dado en llamar la Contrarreforma o Reforma Católica. La Iglesia Católica se reorganiza y se confirma en sus creencias tradicionales. Las ideas conciliares se transmitieron a cada reino por medio de la creación del primer catecismo católico, la reforma del culto y la administración eclesiástica, la creación de nuevos colegios para sacerdotes, la reorganización de la Curia, la implantación de visitas obligadas de los obispos a Roma, etc. En España la contrarreforma se aplicará contra todo lo que parezca poco ortodoxo: iluminados, erasmistas, protestantes, moriscos, cripto-judíos o blasfemos. Los límites a la creación artística no frenaran la gran riqueza literaria de la Península, que como sede central de un gran imperio, dará al mundo algunas de las obras más bellas de la literatura universal.
Wed, 20 Apr 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: Predicadores
En el Talmud leemos una de las aseveraciones más contundentes sobre la justicia: Quien es piadoso con los crueles acaba por ser cruel con los piadosos. Cuando el poder se impone, ante la imposibilidad de justificar sus injusticias caemos en la paradoja de Pascal, que nos dice: No habiendo podido lograr que lo justo fuese fuerte, hemos hecho que lo fuerte sea justo. En la Conferencia en la Mutualité de París el 24 de octubre de 1965, Martin Luther King lanzó un mensaje encendido a la Iglesia adormecida. El decepcionante comportamiento de muchos cristianos ante las injusticias que les rodean, desprestigia al Evangelio. Las palabras del famoso predicador no pueden ser más elocuentes: "A los negros de América los han decepcionado la Iglesia de Cristo que parece más blanca que cristiana y muchos ministros de culto blancos, que prefieren callarse amparados tras sus vidrieras. Los han decepcionado ciertos pastores negros que parecen preferir dedicarse al confort de sus coches que al servicio que deben a la comunidad negra..." Sus críticas no terminar aquí. Si la falta de celo del Pueblo de Israel trajo consigo una sociedad injusta alejada de las prerrogativas de las leyes de Levítico y Deuteronomio; la Iglesia es la responsable de que los hombres busquen en la violencia la justicia social. Las palabras de King son aleccionadoras: "La Iglesia tiene una gran parte de responsabilidad en el movimiento revolucionario. Sí, esta misma Iglesia, que tan a menudo es sólo el último bastión del status quo, posee una ideología potente que incita a los hombres a alcanzar nuevas cimas y les da la convicción de su destino." El poder libertador de reconocerse como hijo de Dios; hechos conforme a su imagen. Tiene un poder mayor que todos los derechos escritos en la Carta de Naciones Unidas: "Desde las sombrías regiones de África hasta el cinturón negro de Alabama, vi a hombres sacudir sus cadenas simplemente porque de repente habían tomado conciencia de ser hijos de Dios y porque, como hijos de Dios, no podían aceptar ser esclavos de ningún hombre”. En demasiadas ocasiones la Palabra de Dios no se convierte en esa fuerza liberadora, que devuelve al hombre su libertad total. Para algunos el mensaje de Martin Luther King puede parecer desfasado o superado, nada más lejos de la verdad. Vivimos en un mundo injusto. Los pobres claman justicia desde continentes como el de África, Asia o América. ¿Apartaremos nuestra mirada en busca de nuestro confort? ¿Nos uniremos a las voces que desde nuestra sociedad sólo ven en los pobres del Tercer Mundo un problema de seguridad?
Wed, 13 Apr 2011 - 19:00 | Escrito por Mario Escobar
Etiquetas: Predicadores
En muy raras ocasiones se encuentra piedras preciosas en las minas de carbón, Evan Roberts fue una de ellas, pero el tiempo y las circunstancias terminaron por convertirle en un carbón más entre la multitud que le rodeaba. Roberts nació en una familia de práctica metodista el 8 de junio de 1878. Su padre, un rudo y religioso minero, sufrió un accidente siendo Robert muy joven y este tuvo que dejar sus estudios y dedicarse al duro oficio de minero. El joven minero era un habido lector la Biblia y tras el trabajo recorría el kilómetro y medio que le separaba de la capilla de su localidad. En 1898, Evan tuvo que emigrar a Mountain Ash, una ciudad próxima a la suya, para buscar trabajo. Al poco tiempo, el pastor de su iglesia le pidió que le ayudara en la iglesia y no tardó mucho en ser recomendado para dedicarse a pleno tiempo en el ministerio. Roberts no se sentía satisfecho con su relación con Dios. Algo desanimado acudió a escuchar a un evangelista itinerante llamado Seth Joshua. El reverendo Joshua llevaba varios años orando para que Dios levantara a un nuevo Eliseo, un hombre sencillo que trajera el avivamiento a la región. Tras asistir a varias reuniones experimentó un encuentro con Dios y su vida cambió por completo. En 1904 tuvo su primera visión sobre el avivamiento en Gales. Vio un brazo que se extendía desde la luna hasta Gales. Él creyó ver la mano de Dios en esta visión y comenzó a organizar reuniones en su iglesia. En pocos meses su fama se extendió por todos Gales y centenares de personas acudían a sus reuniones. La prensa se enteró del fenómeno y envió a corresponsales para que contaran lo que pasaba en la pequeña iglesia galesa. Muchos mineros dejaron su ruda vida y comenzaron a asistir a los cultos. Las mujeres de los mineros también asistieron masivamente y, a diferencia de otras congregaciones, se permitió que participaran activamente en los cultos. El nivel de vida de los mineros cambió radicalmente. Muchos dejaron el alcohol y comenzaron a tratar mejor a sus hijos y mujeres. En 1905 empezaron a manifestarse algunas señales sobrenaturales que Roberts no sabía como explicar. Voces le hablaban de la situación espiritual de otras personas. La presión empezó a aumentar a su alrededor y no tardó en sufrir un colapso emocional, debido al exceso de trabajo. Las crisis se repitieron en varias ocasiones y tuvo que suspender numerosos cultos. Tras sufrir una violenta crisis nerviosa, una mujer rica llamada Jessie Penn-Lewis le acogió en su casa y allí pasó Roberts una larga temporada. Al parecer, esta mujer practicaba ciertas doctrinas extrañas y aprovechó la debilidad emocional y física de Roberts para someterle a su voluntad. Ella le separó de su familia y utilizó su fama para escribir un libro y publicar una revista. Después de ocho años Roberts dejó a Penn-Lewis, pero su vida había cambiado por completo. Intentó publicar varios libros sin éxito y, años después, experimento un pequeño avivamiento en Moriah, pero sus tiempos de evangelista habían terminado. El 29 de enero de 1951 moría a la edad de sesenta y dos años. Su liderazgo había sido efímero pero durante décadas Gales experimentó un gran avivamiento que conmovió a toda la nación.
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